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Agenda para la Población de Castilla y León

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Presentación de la propuesta de la Agenda para la población de Castilla y León

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Presentación del Presidente de la propuesta de Agenda para la Población de Castilla y León

Éste es, desde luego, el fenómeno que más está influyendo en Europa, y especialmente en España, en la evolución reciente de la población. Baste recordar aquí que la incidencia de la inmigración en el crecimiento demográfico español se eleva al 85% en estos últimos años.

Ahora bien, esta inmigración extranjera no se ha distribuido de forma homogénea en el territorio, sino que se ha concentrado preferentemente en   algunas regiones, sobre todo en las del arco mediterráneo y en Madrid.

Por ello, con un peso medio de los extranjeros en  la  población  nacional  en  torno  al  12%,  nos encontramos con Comunidades por encima del 15% (Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid y Murcia), mientras que otras están en torno al 6% (Castilla y León y Cantabria) o incluso por debajo del 4% (Extremadura y Galicia).

Esta concentración territorial de la inmigración, junto a unas condiciones sociodemográficas de partida objetivamente difíciles, ayudan a situar en sus justos términos la evolución de la población en Castilla y León incluso en unos años de crecimiento, y   sirven   para   explicar,   de   algún   modo,   esa percepción general no muy positiva que nuestra sociedad tiene sobre nuestra evolución demográfica.

Todos estos datos nos deberían animar a introducir algunas precisiones, que son esenciales, en  el  actual  debate  sobre nuestra  población, para delimitar bien algunos de sus conceptos más usuales: saldo   poblacional,   envejecimiento,   despoblación rural y movilidad de jóvenes, y centrar así mejor nuestras futuras actuaciones.

Así, en primer lugar, y como antes apunté, cuando se habla del SALDO DE NUESTRA POBLACIÓN se  conecta    inmediatamente  con  el concepto de "despoblación", que significa pérdida neta de habitantes, por lo que hay que decir que esta idea, por arraigada que esté, no se sustenta hoy en un fundamento real.

Reitero que desde el año 2000 hemos crecido tanto en cifras netas de población, como en número de nacimientos, en un tiempo además en el que más de la mitad de las regiones europeas tienen una evolución  demográfica  más  débil  que  Castilla  y León. Pero aún hay más.

Muchos territorios del nordeste, este y parte del sudeste europeo se enfrentan con problemas de pérdida de población real. Las más afectadas son las regiones del  este  de  Alemania,  Polonia, Bulgaria, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, los tres Estados Bálticos,   las   regiones   del   Norte   de   Suecia   y Finlandia y varias regiones de Grecia. En muchas de ellas, tanto el saldo vegetativo como el saldo migratorio son negativos, algo que no ocurre en nuestro caso.

Es conveniente insistir en que el incremento de la población europea en los últimos años no se debe básicamente a un crecimiento vegetativo favorable, sino sobre todo al fenómeno de la inmigración extranjera. Los saldos vegetativos negativos se extienden al 50% de las regiones de la Unión. Los fallecimientos superan a los nacimientos en países como Alemania, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Croacia, Rumanía, Bulgaria, los tres Estados Bálticos, Grecia e Italia, así como en el norte de Suecia y el sur de Portugal. En algunas regiones   de   la   UE,   estos   saldos   vegetativos negativos  se  han  compensado  sobradamente  con saldos  migratorios  netos  positivos. Es  el  caso  de Austria, Reino Unido, Eslovenia, Portugal, Grecia, las regiones del norte y centro de Italia y algunas del oeste de Alemania y del sur de Suecia. Y en este grupo se encuentra también Castilla y León.

Esto demuestra que compartimos, en cuanto a evolución demográfica, problemas similares a los de otras muchas regiones europeas, lo que nos permite afirmar que hoy no nos enfrentamos tanto a un problema de despoblación, como al reto de favorecer un crecimiento demográfico más vigoroso y equilibrado, y de sostenerlo en el tiempo.

Por  lo  que  se  refiere,  en  segundo  lugar,  a nuestro  ENVEJECIMIENTO,  es  cierto  que contamos con un porcentaje de población mayor de 65 años notable, situado en el entorno de un 22%, aunque también es cierto que Castilla y León no es un caso aislado o singular en Europa, donde superan ese   porcentaje   algunas   regiones   en   Italia   y Alemania.

Dentro de España, en el período 2000-2008 el porcentaje de personas mayores se ha estabilizado en Castilla  y  León, ha  crecido  en  seis  Comunidades (Andalucía,  Asturias,  Canarias,  Extremadura, Galicia y País Vasco) y ha disminuido en el resto.