Tiempo de fiesta - Mascaradas de Castilla y León

MASCARADAS DE CASTILLA Y LEÓN

POBLADURA DE PELAYO

Corpus Christi

22 de abril, Sábado y Domingo Corpus

Día del Voto de la Virgen: Todo el día.

Sábado deCorpus Christi: sólo por la mañana

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Pobladura de Pelayo García es uno de esos numerosos pueblos que nacieron en la Edad Media, pasados los momentos más cruciales de la Reconquista, para poner en explotación los terrenos antes yermos. El Páramo leonés, con sus campos llanos y arenosos, fueron cultivos de cereales y viñedos. Hoy, el regadío, los ha convertido en feraces terrenos de cultivos intensivos, que aportan riqueza a sus habitantes. La localidad, de trazado uniforme y calles amplias, vive en casas de dos plantas; en los bordes, naves ganaderas hablan de la explotación intensiva del ganado vacuno.

La procesión discurre por las calles principales de la localidad, calles en general amplias y de trazado en cuadrícula, siempre por terreno llano.

Los actos comienzan con la reunión de todos los Danzantes, músicos, Birrias y miembros de la Cofradía en las inmediaciones del edificio consistorial. Antes, se han vestido cada uno en sus casas, pues ahora los trajes que lucen son todos de propiedad particular, aun cuando el Ayuntamiento posea alguno y haya comprado recientemente los cintos en Val de San Lorenzo. Aquí recogen al Alcalde y concejales y se dirigen bailando al son de dulzaina, caja y castañuelas hasta la iglesia, pues, como el párroco vive al lado, ya no es preciso que lo recojan en su casa, como era tradicional. Antiguamente era costumbre recoger al Alcalde en su casa, a los concejales en el Ayuntamiento y al párroco en la suya.

La iglesia se encuentra llena de gente; Danzantes y Birrias ocupan las primeras filas de bancos. Y empieza la Santa Misa. Al llegar el ofertorio, serán media de docena de Danzantes los que hagan las ofrendas, entre las que están las castañuelas y un palo. No habrá actuación de los mismos hasta después de la comunión, cuando los sacerdotes se sientan. En ese momento, el grupo de los mayores, ante el altar mayor, interpretan el lazo “Bendito sea Dios”. Terminada la Misa, se organiza la procesión por las principales calles de la localidad. Procesión encabezada por cruz procesional de plata sobredorada, entre dos faroles o candeleros también de plata. Le sigue el estandarte de la Cofradía del Santísimo Sacramento como titular de la fiesta y, detrás, el de la Adoración Nocturna. Tras ellos, todos los Danzantes, incluidos los niños pequeños, que se colocan detrás, para “que se vean menos sus errores”, los músicos, el Santísimo en custodia bajo palio de cuatro varas y numerosos fieles, entre los que está el coro de la parroquia.

Durante el recorrido no hay ni altares ni decoración de balcones. Esto último sí que fue usual en la localidad hace unos años. A lo largo del recorrido alternan las canciones religiosas del coro y el baile de los Danzantes, que es siempre con castañuelas. En ella interpretan tres melodías: “El tararira Simón”, “En Valencia te perdí” y el conocido como “de la pataleta”. Los Birrias a lo largo de toda la procesión, procuran que nadie interfiera ni se meta en el recorrido de los Danzantes y, sobre todo, ayudan a los más pequeños y proporcionan agua a todos. Al regresar al templo, en la puerta, el párroco da la bendición y con ello terminan los actos del Corpus Christi. Sólo queda ir a tomar el refresco, al que invita el Ayuntamiento en uno de los bares de la localidad.

El Día del Voto de la Villa, 22 de abril, se repite exactamente el mismo ritual, pero con las siguientes diferencias. La procesión se hace por la tarde, en torno a las cinco y, al entrar a la iglesia con la imagen de la Virgen, se danza el baile de paloteo “Virgen de las Angustias”, dando a besar a continuación el manto de la Virgen. Al terminar el acto religioso, se van todos al pabellón deportivo local. Aquí hay una exhibición exclusiva de lazos de paloteo, entre ellos “Pobladura de Pelayo García”, “Pobladura B”, “La novia de un torero”, “En casa del tío Vicente”, “Baile a la Virgen de las Angustias”, “La pájara pinta” y se termina siempre con “Los Campanilleros”. Durante esta exhibición ha quedado una reminiscencia de un rito anterior, que, aunque nadie recuerda su nombre, pensamos que debe referirse a “echar el lazo”, que Vinayo González (Pérez Calvo, 1985, 91) sitúa en la cercana Laguna de Negrillos. Se trata de que el Birria antes le ponía en la cabeza un pañuelo a un espectador. Éste tenía así obligación de quitar a un Danzante del grupo o, incluso, a un músico mientras bailaban, para ver si se confundían. Si lo conseguía, no pagaba nada, pero, en caso contrario, su donativo tenía que ser mayor. Ahora, sin intervención ya del Birria, se hace lo mismo y también se le tiran monedas tras su actuación. Con lo recogido, hacían y hacen una merienda. Ese cambio se produjo entre los años cincuenta y setenta, donde la danza salía de forma intermitente, es decir, como ocurre en todas las mascaradas, durante la época de la emigración española.

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