Tiempo de fiesta - Mascaradas de Castilla y León

MASCARADAS DE CASTILLA Y LEÓN

VILLANUEVA DE VALROJO

Carnavales

De Domingo a Martes de Carnaval

Tarde-noche

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Villanueva de Valrojo, pertenece a la comarca de La Carballeda, comarca de transición entre Sanabria, Aliste y Los Valles. Esto se aprecia en su paisaje, pues está en un valle de arcillas -de ahí su nombre- entre dos pliegues de la Sierra de La Culebra. Frente a los inmensos pinares de repoblación de esta sierra, destaca el arbolado autóctono del roble carballo, que da nombre a la comarca.

Rozando por el Este las casas del pueblo discurre el tramo de la Vía XVII del Itinerario de Antonio Pío, Ab Asturica Bracaram, que une Braga y Astorga, y muy próxima queda la mansión de Veniatia. Del poblamiento antiguo de la localidad quedan restos en un castro próximo.

La localidad es piedra. El esquisto pizarroso y los gneises que afloran por doquier se han convertido en casas y en fuentes, todo por mano de obra gallega durante los siglos XVIII y XIX. Casas de dos plantas, pero ya con escalera interior. De la localidad destaca la espadaña de su iglesia, triangular; iglesia románica, como se puede apreciar en su portada, pero que el incendio de 1891 dejó muy mal parada.

Los Carnavales de Villanueva de Valrojo son todas las calles del pueblo, calles de trazado sinuoso, pero entre casas de piedra, que le dan un encanto especial. Llegar a Villanueva de Valrojo una tarde entre el Domingo y el Martes de Carnaval es oír sonidos de cencerros por doquier y ver a personajes vestidos de coloristas disfraces, bien arlequinados, bien floreados o combinados entre sí; son los Cencerros.

Aquí no hay desfiles, aquí no hay normas ni horarios, por no haber no hay ni trajes propios ni cencerros particulares. Hay una casa o pajar, donde se depositan todos los trajes y todos los cencerros. Y de repente a unos cuantos amigos o amigas se les ocurre ir a disfrazarse, cogen lo que les parece, lo combinan como quieren, ponen los cencerros que creen que pueden llevar y a correr las calles, amenazando con sus tenazas articuladas, con sus tornaderas de madera, con látigos, con escobas, con simples palos o con las manos. Todo sirve para la broma, sin agresiones. Todo aquel que está sin disfrazar va a ser objeto de sus bromas y ataques.

El Lunes de Carnaval es la tarde que suelen, siempre disfrazados, salir a pedir el aguinaldo por todo el pueblo. Todavía se suele mantener en muchas casas el darlo en especie: unos huevos, un chorizo, una botella de vino,..., que esa misma noche en cualquier casa comerán en alegría festiva.

El Martes de Carnaval más de lo mismo: recorrido por las calles del pueblo, pero con un aliciente nuevo e inesperado. Se juntan dos o tres amigos o amigas y deciden montar “un número”. Generalmente son sobre temas de actualidad: prohibición de fumar, velocidad en autopistas,... Así que se disfrazan al efecto y lo escenifican en varios puntos de la localidad, aunque desde hace dos o tres años suelen concentrarse todos en el pabellón multiusos de la localidad, en el que tienen lugar los bailes nocturnos.

Precisamente, será ese pabellón el punto final de las fiestas con la aparición efímera y sólo en ese momento de los Diablos. Como almas en pena, hacen su aparición casi al final del baile, tres Diablos, con máscaras de corcho y apliques de hojalata y cuero, capas pardas y aspecto fúnebre, llevando tornaderas y un caldero con azufre ardiendo, sin hablar. Es el fin de la fiesta. Llega la Cuaresma.

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