Pomar de Valdivia | Palencia

MONTE
BERNORIO

Protohistórico, Romano y Contemporáneo

El Bernorio es uno de los yacimientos emblemáticos de la Edad del Hierro de la Meseta Norte. Destaca, por ejemplo, por su extraordinaria extensión pues el poblado fortificado ocupa alrededor de 28 hectáreas, albergando toda la superficie amesetada que domina visualmente un amplísimo territorio.

 

Esta posición privilegiada permitió a sus pobladores controlar las varias vías de comunicación naturales de norte a sur -es el camino que une la meseta con los puertos del cantábrico- y de este a oeste.

No menos interesante es el complejo e inusual sistema defensivo de la población en tiempos prerromano. Se han identificado varios terraplenes aprovechando la terrazas naturales, un profundo foso en V y una potente muralla de alrededor de 2 kilómetros interrumpida por tres puertas con largos y estrechos pasillos paralelos que permitirían atacar a los enemigos desde los flancos generados por los larguísimos corredores. La muralla cerraba en estos puntos con una puerta sobre la que habría una torre de madera. La poderosa muralla alcanza hasta 4 metros de espesor y estaba construida mediante dos muros de piedra en seco rellenos en su interior con pedruscos irregulares y tierra apelmazados.

Insólito entre los castros cántabros conocidos es el complejo defensivo que se extiende mucho más allá del recinto amurallado en un área de cerca de 90 hectáreas. Fuera del recinto fortificado vemos un complejo sistema de trincheras que acogería fuentes, manantiales, barrios artesanales, áreas rituales y necrópolis. Los terraplenes artificiales es posible que estuvieran rematados por empalizadas, dificultando así un ataque por sorpresa al castro.

De la considerable capacidad económica de sus moradores, al menos de la élite guerrera, son buena muestra los ricos ajuares metálicos hallados en la necrópolis tumular, al exterior de la muralla. Se cuentan por decenas los objetos metálicos, entre los que sobresale un tipo curioso de puñal que se conoce en la bibliografía arqueológica como puñal tipo “Monte Bernorio”.

Sabemos que en el lugar acontecieron hechos históricos de gran relevancia para la completa ocupación romana de la Península Ibérica. El poblado, habitado permanentemente desde el siglo VIII a.C. , pertenecía a la belicosa tribu de los cántabros. Su hostilidad hacia los romanos explica que sea asediado, incendiado y arrasado en las primeras campañas militares desplegadas por los romanos en las denominadas Guerras Cántabras a finales del siglo I a.C. El ataque final posiblemente se organizó desde el campamento romano localizado en El Castillejo, en la cercana población de Pomar de Valdivia.

La enorme extensión, cerca de 40 hectáreas, del acuartelamiento romano hace pensar que allí acamparon al menos dos legiones romanas completas . El asedio pudo estar dirigido por el propio Augusto, en ese momento al frente de las operaciones militares, y tuvo lugar según las evidencias arqueológicas por el flanco sur del castro. En este sector de la muralla se han recogido multitud de materiales vinculados a la batalla: puntas de flecha -algunas incrustadas entre los sillares de la muralla-, puntas de hierro de proyectiles de catapulta lanza flechas, puntas de lanza, jabalinas, fragmentos de hojas de hachas, etc.

Tras la conquista y ruina de la población cántabra los romanos, conocedores del extraordinario valor estratégico del lugar, levantaron un fuerte y edificaron una torre defensiva en la zona noroeste, aprovechando la puerta de entrada y la muralla indígena.

Pero no es esta la última ocasión en que Monte Bernorio fue ocupado para servir de refugio a tropas militares y ser escenario de episodios bélicos. Un reciente estudio del equipo de investigación de Monte Bernorio señala la importancia del enclave durante la guerra civil y la substancial aportación de la arqueología para reconstruir la historia reciente del enclave. El ejercito republicano toma el lugar en octubre de 1936, pero en menos de una semana las tropas rebeldes se hacen con la posición. Sabedores de la importancia del enclave, hasta el verano de 1937 el ejercito republicano intenta en varias ocasiones su recuperación.

Para su defensa las tropas franquistas construyeron una serie de trincheras y bunkers al oeste del cerro aprovechando, en parte de su trazado, la muralla edificada por los cántabros para protegerse de los romanos. En la zona este del cerro observamos los restos de una estructura en forma de espiral erigida con piedras de la muralla indígena. El testimonio de un soldado nos habla de la dureza de los combates en esta posición: “Durante el día pasábamos todo el tiempo en la trinchera, en silencio y sin movernos. Cada soldado estaba separado del siguiente por cuatro o cinco metros, así que apenas hablábamos. Si alguien levantaba la cabeza, nos disparaban de inmediato”.

Contamos con numerosos restos de material ofensivo y defensivo recuperados en las excavaciones: cargadores para rifles de cerrojo tipo Máuser, balas, metralla de granadas de mano, metralla de proyectiles de artillería y bombas de aviación. Otros materiales hallados revelan la dieta de los soldados: latas de sardinas, pimientos, carne o leche condensada.

En el alto de la meseta había un arsenal y el refugio del destacamento militar que albergó entre 200 y 300 soldados. Gracias a la información aportada por la excavación arqueológica conocemos que el depósito de munición fue alcanzado por un proyectil aéreo , provocando la explosión de miles de balas de fusil y granadas de mano.

LOCALIZACIÓN Y VISITA

Accedemos al yacimiento desde la localidad de Villarén de Valdivia. Un camino que parte de la población conduce hasta las inmediaciones del recinto amurallado indígena.

La visita es libre.